Copia de La canasta alimentaria sube un 4,5% en las ciudades de México

El coste de los alimentos crece por encima de la inflación general, mientras las líneas de pobreza por ingresos aumentan tanto en el ámbito rural como en el urbano.

La canasta alimentaria en México se encareció un 4,5% interanual en las zonas urbanas y un 3,2% en las rurales durante agosto, según los últimos datos del Inegi, en un mes en el que la inflación general se situó en el 3,26%.
El repunte vuelve a poner el foco sobre el coste que afrontan los hogares para cubrir sus necesidades más básicas. Las denominadas Líneas de Pobreza Extrema por Ingresos (LPEI) representan el valor monetario mensual de la canasta alimentaria por persona y sirven como uno de los principales umbrales empleados para medir la pobreza en el país.
En comparación con julio, las LPEI avanzaron un 0,8% en las zonas rurales y un 0,7% en las urbanas. La presión mensual estuvo protagonizada principalmente por la cebolla, el huevo y el limón, productos con una elevada presencia en el gasto alimentario de los hogares.

Los alimentos presionan más a los hogares urbanos
La diferencia entre la evolución de la canasta alimentaria y el índice general de precios es especialmente significativa en las ciudades. Mientras el IPC creció un 3,26% interanual, el coste alimentario lo hizo un 4,5%, una brecha superior a un punto porcentual.
En el medio rural, por el contrario, el avance anual de la canasta, del 3,2%, se mantuvo prácticamente en línea con la inflación.
El Inegi señala que los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar, la cebolla y la papa fueron los conceptos que más contribuyeron al incremento interanual del valor de la canasta alimentaria.
La presión no se limita, además, a la alimentación. Las Líneas de Pobreza por Ingresos (LPI), que incorporan tanto la canasta alimentaria como otros bienes y servicios esenciales, aumentaron un 3,6% interanual en el ámbito rural y un 3,9% en el urbano.
Ambas tasas quedaron por encima de la inflación general. Entre los componentes no alimentarios con mayor incidencia aparecen educación, cultura y recreación, además de las prendas de vestir, el calzado y los accesorios.
Qué miden realmente las líneas de pobreza
Las LPEI determinan el nivel de ingresos necesario para que una persona pueda adquirir únicamente la canasta alimentaria. Las LPI amplían ese cálculo incorporando bienes y servicios no alimentarios considerados necesarios.
El Inegi asumió en 2025 estas competencias de medición manteniendo los criterios metodológicos utilizados anteriormente por el Coneval. Las cifras se actualizan mensualmente con la evolución del Índice Nacional de Precios al Consumidor.
La comparación con julio muestra un cambio relevante. Entonces, la canasta alimentaria costaba por persona 1.894,69 pesos mensuales en las zonas rurales y 2.545,72 pesos en las urbanas, con incrementos interanuales del 2% y del 3,8%, respectivamente.
La pobreza laboral baja en un año, pero repunta en el trimestre
La evolución del coste de la alimentación adquiere especial relevancia porque el 31,9% de la población mexicana se encontraba en situación de pobreza laboral en el segundo trimestre de 2026, es decir, sus ingresos laborales per cápita no alcanzaban para adquirir la canasta alimentaria.
El porcentaje descendió desde el 35,1% registrado un año antes, aunque aumentó desde el 30,7% del primer trimestre. En las zonas rurales la pobreza laboral alcanzó el 44,7% y en las urbanas el 28,3%.

La última medición estructural disponible muestra así una fuerte reducción de la pobreza multidimensional desde 2018. Sin embargo, los datos mensuales sobre el coste de las canastas permiten seguir con mayor rapidez la presión que ejercen los precios sobre el poder adquisitivo.
En su Segundo Informe de Gobierno, presentado el 1 de septiembre, Claudia Sheinbaum destacó precisamente que la pobreza laboral se encuentra en niveles históricamente bajos y vinculó esa evolución a la recuperación de los salarios. El salario mínimo ha registrado un fuerte incremento real desde 2018, aunque el nuevo repunte del coste de la alimentación vuelve a situar el poder adquisitivo de los hogares en el centro del seguimiento económico.
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